1 de junio de 1970 se lanza el álbum llamado "Black Sabbath". Es el disco de estudio debut de la banda de rock inglesa del mismo nombre. Lanzado el 13 de febrero de 1970 en el Reino Unido y tal dia como hoy en los Estados Unidos, el álbum alcanzó el número ocho en las listas de álbumes del Reino Unido y el número 23 en las listas de Billboard. Black Sabbath es ampliamente considerado el primer álbum de heavy metal. Además, la canción de apertura del álbum, 'Black Sabbath', se conoce como la primera canción de Doom Metal.
miércoles, 1 de junio de 2022
domingo, 19 de abril de 2020
Albert Einstein: ¿Por qué socialismo? (1949)

¿Debe quién no es un experto en cuestiones económicas y
sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que si.
Permítasenos primero considerar la cuestión desde el
punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no hay
diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los
científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general
para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos
fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas
diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el
campo de la economía es difícil por que la observación de fenómenos
económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente
evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado desde el
principio del llamado período civilizado de la historia humana --como es bien
sabido-- ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de
ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo, la mayoría
de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los
pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase
privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio
de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias
filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división
de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de
valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de
forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social.
Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer;
en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó
"la fase depredadora" del desarrollo humano. Los hechos económicos
observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de
ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del
socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora
del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar
poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.
En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin
ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso
menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con
los que lograr ciertos fines. Pero los fines por si mismos son concebidos por
personas con altos ideales éticos y --si estos fines no son endebles, sino
vitales y vigorosos-- son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos
quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la
sociedad.
Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los
métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir
que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las
cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces han
afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis,
que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal
situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia
el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme
recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre
inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión
pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que
solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese
peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo:
"¿porqué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza
humana?"
Estoy seguro que hace tan sólo un siglo nadie habría
hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un
hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que
tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la
soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la
actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida?
Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil
contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda,
aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son
a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas
fáciles y simples.
El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social.
Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén
más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar
sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el
afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para
confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida. Solamente
la existencia de éstos diferentes, y frecuentemente contradictorios objetivos
por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el
grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede
contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de
estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la
personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el
ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la
estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y
por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto
abstracto "sociedad" significa para el ser humano individual la suma
total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con
todas las personas de generaciones anteriores. El individuo puede pensar,
sentirse, esforzarse, y trabajar por si mismo; pero él depende tanto de la
sociedad -en su existencia física, intelectual, y emocional- que es imposible
concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la
"sociedad" la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de
trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su
pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos
millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña
palabra "sociedad".
Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del
individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido -- exactamente
como en el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la
vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más
pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las
correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria,
la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral ha hecho
posible progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades
biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y
organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e
ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el
hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el
pensamiento consciente y los deseos.
El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria,
una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable,
incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana.
Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la
sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia.
Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y
la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la
sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación
comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de
seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales
que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad. Es
en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre
pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su
constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino
cruel, infligido por ellos mismos.
Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de
la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan
satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho
de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como mencioné antes,
la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos,
inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los
últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse. En
poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles
para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato
altamente productivo son absolutamente necesarios. Los tiempos -- que, mirando
hacia atrás, parecen tan idílicos -- en los que individuos o grupos
relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para
siempre. Es sólo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye
incluso una comunidad planetaria de producción y consumo.
Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente
lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere
a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente
que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un
hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como
algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por
otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se
están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son
por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres
humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este
proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten
inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la
vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como
es, dedicándose a la sociedad.
La anarquía económica de la sociedad capitalista tal
como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante
nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando
incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo -- no por la
fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas.
A este respecto, es importante señalar que los medios de producción --es
decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de
consumo tanto como capital adicional-- puede legalmente ser, y en su mayor parte
es, propiedad privada de particulares.
En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue
llamaré "trabajadores" a todos los que no compartan la propiedad de
los medios de producción -- aunque esto no corresponda al uso habitual del
término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de
comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción,
el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del
capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que
produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En
cuanto que el contrato de trabajo es "libre", lo que el trabajador
recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino
por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de
trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es
importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está
determinado por el valor de su producto.
El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos,
en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el
desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la
formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más
pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado
cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad
organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los
miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos
políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los
capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al
electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del
pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no
privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes,
los capitalistas privados inevitablemente controlan, directamente o
indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio,
educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los
casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones
objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.
La situación que prevalece en una economía basada en la
propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero,
los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los
propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el
contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista
pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a
través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una
forma algo mejorada de "contrato de trabajo libre" para ciertas
categorías de trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no
se diferencia mucho de capitalismo "puro". La producción está
orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos
los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi
siempre un "ejército de parados". El trabajador está constantemente
atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados
no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo
está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso
tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga
del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la
competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la
acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez
más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de
trabajo, y a ése amputar la conciencia social de los individuos que mencioné
antes.
Considero esta mutilación de los individuos el peor mal
del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca
una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el
éxito codicioso como preparación para su carrera futura.
Estoy convencido de que hay solamente un camino para
eliminar estos graves males, el establecimiento de una economía socialista,
acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una
economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y
utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la
producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a
realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a
cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover
sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de
la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación
del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual.
Sin embargo, es necesario recordar que una economía
planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar
acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del
socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente
difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del
poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa
y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo
asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?
domingo, 22 de marzo de 2020
El 22 de MARZO de 1833 comenzaba la CAMPAÑA de ROSAS contra los PUEBLOS ORIGINARIOS
Los indígenas que habitaban al sur de la provincia de Buenos Aires, atacaban frecuentemente a las poblaciones fronterizas. Rosas,
quien habia dejado de ser el gobernador de la provincia, dispuso
emprender contra ellos una campaña punitiva a través del desierto, como
entonces se llamaba a la región pampeana. El objetivo era el de
establecer los nuevos puntos de la frontera en los ríos Negro y Neuquén,
en una campaña originalmente planeada como una empresa conjunta de
todas las provincias sureñas que tenían frontera con los indígenas,
incluyendo Mendoza, San Luis, San Juan y Córdoba, pero finalmente su
ejecución quedó a cargo exclusivamente de Buenos Aires.
En su mensaje a la Asamblea del 7 de mayo de 1832, Rosas exponía claramente los objetivos de la expedición:
“Hacendados, vosotros sabéis que la campaña y la frontera se encuentran hoy enteramente libres de los indios enemigos: que aterrados por los repetidos golpes de muerte que han sufrido en sus mismos hogares y tolderías, se han refugiado al otro lado del río Negro de Patagonia, y a las faldas de la Cordillera de los Andes. Un esfuerzo más, y quedarán libres para siempre nuestras dilatadas campañas, y habremos establecido la base de todos los cálculos de nuestra riqueza pública”.
El 28 de enero de 1833 Rosas fue nombrado Comandante General de Campaña y Jefe de la División Izquierda del Ejército Nacional para operaciones contra los indígenas. La columna del centro quedaba bajo el mando del general Ruiz Huidobro y la derecha seria comandada por Luis Aldao. El 22 de marzo partió de Los Cerrillos (estancia de Rosas) un convoy compuesto por mil quinientos hombres, treinta carretas, seis mil caballos y miles de vacunos bajo las órdenes de Rosas, quien incorporó unos 600 indios amigos como fuerzas auxiliares en las cercanías del arroyo de Tapalqué. A mediados de mayo su columna había llegado a las márgenes del río Colorado.
Mientras tanto, la columna del centro había derrotado a los ranqueles en las Acollaradas (en el sur de San Luis), pero se vio forzada a volver ante la falta de la ayuda prometida por el gobierno de Córdoba.
La columna de la derecha, dispersó a los indios en la región del Atuel, pero también debió regresar ante la falta de caballada.
La única división que completó con éxito su misión fue la conducida
por Rosas, quien a comienzos de 1834, en las cercanías de Bahía Blanca,
puso fin a una campaña en la que sus fuerzas habían batido a más de
3.200 indios, y rescatado a más de 1.000 cautivos. Asimismo, se habían
obtenido 1.200 prisioneros, recuperado miles de cabezas de ganado e
incorporado 2.900 leguas cuadradas de territorio.
La expedición otorgó a Rosas un nuevo título, el del Conquistador del Desierto. Para Lynch, no era un título inapropiado, teniendo en cuenta que había agregado a la provincia de Buenos Aires una superficie que se extendía 200 leguas al oeste hacia los Andes y al sur más allá de Río Negro, miles de kilómetros cuadrados en total. Posibilitando además nueva información topográfica, nuevos recursos y nueva seguridad.
Tras la campaña, los indios se comprometieron a no cruzar la frontera ni adentrarse en Buenos Aires sin el permiso de sus autoridades y aceptaron responder al llamado del servicio militar, de ser necesario. A cambio, cada cacique recibiría regularmente una cantidad de caballos acorde al número de sus hombres a cargo, además de una pequeña asignación de yerba, tabaco y sal. Las pulperias y los comerciantes que proveían a estos 10.000 indígenas, se enriquecieron notablemente gracias a este nuevo mercado, insaciable de mercaderías.
La expedición otorgó a Rosas un nuevo título, el del Conquistador del Desierto. Para Lynch, no era un título inapropiado, teniendo en cuenta que había agregado a la provincia de Buenos Aires una superficie que se extendía 200 leguas al oeste hacia los Andes y al sur más allá de Río Negro, miles de kilómetros cuadrados en total. Posibilitando además nueva información topográfica, nuevos recursos y nueva seguridad.
Tras la campaña, los indios se comprometieron a no cruzar la frontera ni adentrarse en Buenos Aires sin el permiso de sus autoridades y aceptaron responder al llamado del servicio militar, de ser necesario. A cambio, cada cacique recibiría regularmente una cantidad de caballos acorde al número de sus hombres a cargo, además de una pequeña asignación de yerba, tabaco y sal. Las pulperias y los comerciantes que proveían a estos 10.000 indígenas, se enriquecieron notablemente gracias a este nuevo mercado, insaciable de mercaderías.
“Si bien la pacificación fue conveniente para la nación en los veinte años siguientes, a la larga permitió también a los indios fortalecer sus posesiones. La negociación toral significó un subsidio para los indios, pagado por el gobierno de Buenos Aires (…) Este liberalismo (…) dio a Rosas el control sobre los indios y extendió así marginalmente su base política”. Cabe recordar, que el pago de estos “subsidios” mantenía a los aborígenes pacificados mientras el gobierno provincial transfería grandes superficies de tierras a manos privadas. En 1834 la Legislatura aprobó la distribución de 125.000 hectáreas entre la oficialidad del ejército partícipe de la campaña, otorgando además 17.500 hectáreas al general Pacheco y cuarenta y tres leguas a once coroneles. Resulta interesante observar quienes fueron los verdaderos beneficiarios del reparto de tierras y cómo se cimentaron inmensas fortunas en pocas familias.
miércoles, 10 de julio de 2019
La Patria, en su inicio fue pensada pluricultural
El Acta de Independencia, sancionada en el histórico Congreso de
Tucumán en 1816, fue escrita en idioma español y traducida al Quechua,
Aymara y Guaraní para divulgarla entre la población criolla y originaria
de la región. El hecho de que fueran escritas en tres lenguas indígenas
da cuenta de que los congresales de Tucumán honraron el espíritu de los
primeros patriotas, que desde antes de 1810 buscaron maneras de
convivencia con los Pueblos Indígenas, respetando sus diferencias y
considerando su preexistencia.
Las actas se redactaron a dos columnas, en castellano y en lengua indígena. Se imprimieron 3 mil ejemplares, de los cuales mil quinientos se hicieron en castellano, mil en Quechua y quinientos en Aymara. También se tradujo al Guaraní, pero no se mandaron las impresiones porque el litoral estaba en conflicto con Buenos Aires y no había congresales de esa región. Se publicaron por primera vez en dos periódicos, La Gazeta de Buenos Aires, el 17 de agosto de 1816, y en El Redactor del Congreso, seis días después.
Manuel Belgrano, en sintonía con San Martín y Güemes, llevó para ser discutida en Tucumán su propuesta de adoptar una “monarquía atemperada” como forma de gobierno de las Provincias Unidas, que tendrían su capital en el Cuzco y cuya corona sería entregada a un descendiente de la “Casa de los Incas”.
Por lo tanto es visible que la idea de configurar un nuevo Estado legitimando la primordialidad Indígena era algo que ya flotaba en el ambiente de la época, contexto en el que se usan las lenguas Indígenas.
Estas expresiones muestran la intención patriótica de conformar un país pluricultural junto a las Comunidades Originarias.
Actualmente, en el Año Internacional de las Lenguas Indígenas y a 25 años de la inclusión de los Derechos de los Pueblos Indígenas en la Constitución Nacional de 1994, nos animan a reivindicar, respetar y revalorizar a estos Pueblos para que ocupen el lugar que les corresponde, como soñaron quienes pensaron la Argentina independiente.
martes, 25 de junio de 2019
1912 - 25 de junio - 2019 | A 107 años del "Grito de Alcorta"
En 1912 estalló el movimiento conocido con el nombre de “Grito de Alcorta”, que expresaba la protesta de los arrendatarios de las provincias de Santa Fé, Buenos Aires, Córdoba y La Pampa, por la situación de desamparo en que se encontraban frente a los terratenientes. Los diputados socialistas Juan B. Justo y Alfredo Palacios, en el Parlamento Nacional, fueron los únicos en levantar su voz a favor de los trabajadores del campo.
- En la asamblea de la Sociedad Rural de Rosario, reunida el 13 de julio de 1912, para condenar la huelga y evaluar los pasos a seguir, todos se quedaron asombrados cuando uno de sus socios pidió la palabra e invitó a los presentes a evaluar las justas razones de los chacareros y los invitó a salvar la cosecha acordando con los huelguistas. El que así hablaba era Lisandro de la Torre, quien propondría, poco después, convertir en propietarios a los arrendatarios y a los jornaleros rurales y se pronunciaría por una profunda reforma agraria.
- Posteriormente, el 15 de agosto de aquel 1912, los chacareros se reunieron en la Sociedad Italiana Giuseppe Verdi de Rosario, dando nacimiento a la Federación Agraria Argentina bajo la presidencia del dirigente socialista Francisco Noguera y la asesoría letrada de Francisco Netri.
- El 5 de octubre de 1916, Netri fue asesinado por el matón a sueldo Carlos Ocampo. En los bolsillos del saco del Dr. Netri se encontró un papel, probablemente el borrador de un discurso que nunca llegó a pronunciar donde soñaba: “Unámonos para excluir de las poblaciones de este país el inquilinaje y el proletariado, estas dos especies de esclavatura que son la lepra de las viejas sociedades, y que darían a las nuevas un aspecto enfermizo de ancianidad en medio de los esplendores de la naturaleza que nos rodea”.
miércoles, 6 de marzo de 2019
RIGHI, EL MINISTRO QUE CONDENO LA TORTURA Y EL ESPIONAJE POLICIAL | Por Miguel Bonasso.
Ha muerto Esteban Righi, que no solo fue un calificado jurista, un gran
catedrático del Derecho y -en tiempos más recientes- un Procurador de
firmes convicciones democráticas, sino el ministro del Interior que
reunió públicamente a todos los jefes de la Policía Federal y les dijo
"se acabó para siempre la tortura, quienes torturen serán castigados".
Una definición de absoluta actualidad, que sitúa a este gran argentino
en las antípodas de Macri y Patricia Bullrich, que han celebrado y
premiado a policías, gendarmes y prefectos que asesinan por la espalda.
Ocurrió el 4 de junio de 1973: Righi, el más joven de los ministros de
Cámpora, hizo sentar en el microcine del Departamento Central de Policía
a todos los jefes, de riguroso uniforme y en un acto solemne, que
apenas duró diez minutos, pero cuyos ecos resonaron durante décadas, les
advirtió con firmeza: "Las reglas del juego han cambiado. Ningún
atropello será consentido. Ninguna vejación a un ser humano quedará sin
castigo".
Los policías, sorprendidos y en no pocos casos, rumiando la conspiración para sus adentros, escucharon categóricas definiciones: "El pueblo ya no es el enemigo, sino el gran protagonista".
Flanqueado por el Jefe de la Federal, el viejo general peronista Heraclio Ferrazano y por el subjefe, el democrático comisario Ricardo Vittani, el joven ministro le habló a todos los integrantes de la Repartición: desde el Jefe hasta el último agente:
Los policías, sorprendidos y en no pocos casos, rumiando la conspiración para sus adentros, escucharon categóricas definiciones: "El pueblo ya no es el enemigo, sino el gran protagonista".
Flanqueado por el Jefe de la Federal, el viejo general peronista Heraclio Ferrazano y por el subjefe, el democrático comisario Ricardo Vittani, el joven ministro le habló a todos los integrantes de la Repartición: desde el Jefe hasta el último agente:
"Existen todavía hábitos, reflejos, que inducen a actuar como si nada hubiera cambiado (...)
Dentro de la estructura de sometimiento que el pueblo padeció en los
últimos años, las fuerzas policiales fueron puestas en un difícil papel
(...) Encerrados dentro de las comisarías, y rodeados de vallas, fueron
alejados del pueblo sin desearlo ni buscarlo (...) Es habitual llamar a
los policías guardianes del orden. Así seguirá siendo. Pero lo que ha
cambiado profundamente es el orden que guardan. Y en consecuencia la
forma de hacerlo. Un orden injusto, un poder arbitrario impuesto por la
violencia, se guarda con la misma violencia que lo originó. Un orden
justo, respaldado por la voluntad masiva de la ciudadanía, se guarda con
moderación y prudencia, con respeto y sensibilidad humanas".
Y para
demostrar que no se quedaba en un mero discurso, Righi hizo destruir
los tenebrosos archivos de la recién disuelta DIPA, la División policial
que tenía "fichados" a todos los ciudadanos sospechosos, de
subversivos, izquierdistas o simplemente peronistas. (Aunque obviamente
los policías corruptos y fascistas que pronto servirían a López Rega,
fotocopiaron aquellas fichas, el gesto tenía un gran significado moral y
político).
No fueron gratis esas definiciones para el joven Righi,
pronto lo perseguiría la calumnia, Al suceder a Cámpora, Perón lo
cambiaría por Benito Llambí y, en el apogeo de la Triple A, debería
marchar al exilio. En años recientes fue Procurador en los gobiernos de
Néstor y Cristina Kirchner y produjo otro dictamen histórico: la
negativa definitiva a que los hechos de violencia producidos por la
guerrilla fueran considerados "crímenes de lesa humanidad", como los
perpetrados por los militares en el terrorismo de Estado.
En lo
estrictamente personal le debo sus aportes indispensables a mi libro "El
Presidente que no fue" y el apoyo jurídico, prestado por su estudio, en
la sucesión de mi madre.Muchas veces discutimos, muchas veces
estuvimos en distintas veredas, pero siempre lo consideré un patriota y
un auténtico demócrata.
sábado, 16 de febrero de 2019
EFEMÉRIDES | 16 de febrero de 1835 | El asesinato de Facundo Quiroga.
En 1835 Juan Facundo Quiroga residía desde hacía algún tiempo en
Buenos Aires bajo el amparo de Juan Manuel de Rosas. El caudillo riojano
había luchado en las campañas libertadoras junto a José de San Martín.
En 1825, junto a los caudillos federales Juan Bautista Bustos y Felipe
Ibarra, se opuso al proyecto político unitario de Rivadavia y se apoderó
de la ciudad de Tucumán. Logró sublevar Cuyo y el Noroeste, pero más
tarde, al intentar apoderarse de Córdoba, fue vencido por el general
unitario José María Paz en La Tablada el 22 Y 23 de junio de 1829 y en
Oncativo ocho meses después.
Quiroga mantenía con Rosas una relación de aliado y era considerado
por don Juan Manuel como su hombre en el interior. Las diferencias entre
ambos caudillos se centraban en el tema de la organización nacional.
Mientras que Facundo se hacía eco del reclamo provincial de crear un
gobierno nacional que distribuyera equitativamente los ingresos
nacionales, Rosas y los terratenientes porteños se oponían a perder el
control exclusivo sobre las rentas del puerto y la Aduana.
En este sentido, Rosas argumentaba que no estaban dadas las
condiciones mínimas para dar semejante paso y consideraba que era
imprescindible que, previamente, cada provincia se organizara: “En el
estado de pobreza en que las agitaciones políticas han puesto a los
pueblos ¿quién ni con qué fondos podrán costear la reunión y permanencia
de ese Congreso, ni menos de la administración general? […] Fuera de
que si en la actualidad apenas se encuentran hombres para el gobierno
particular de cada provincia ¿de dónde se sacarán los que hayan de
dirigir toda la república? ¿Habremos de entregar la administración
general a ignorantes aspirantes, a unitarios, y a toda clase de bichos?
[…] ¿Será posible vencer no sólo estas dificultades sino las que
presenta la discordia que se mantiene como acallada y dormida mientras
cada una se ocupa de sí sola, pero que aparece al instante como una
tormenta general que resuena por todas partes con rayos y centellas,
desde que se llama a congreso general? Es necesario que ciertos hombres
se convenzan del error en que viven, porque si logran llevarlo a efecto,
envolverán la República en la más espantosa catástrofe”.
Sin embargo, esto no impidió que Quiroga nombrara a doña Encarnación
Ezcurra su representante comercial y le regalara un caballo a don Juan
Manuel. Rosas le comentaba a su esposa en una carta la habilidad de
Facundo: “Mucho gusto tuve cuando supe que Quiroga te había hecho su
apoderada. Este es uno de sus rasgos maestros en política; lo mismo que
la remisión de un caballo en los momentos en que lo hizo”.
En 1834, ante un conflicto desatado entre las provincias de Salta y
Tucumán, el gobernador de Buenos Aires, Manuel Vicente Maza (quien
respondía políticamente a Rosas), encomendó a Quiroga una gestión
mediadora. Tras un éxito parcial, Quiroga emprendió el regreso y fue
asesinado el 16 de febrero de 1835 en Barranca Yaco, provincia de
Córdoba, por Santos Pérez, un sicario al servicio de los hermanos
Reinafé, hombres fuertes de Córdoba, ligados a López. Quiroga se había
opuesto tenazmente a los deseos de Estanislao López de imponer a José
Vicente Reinafé como gobernador de Córdoba.
Nunca sabremos si porque decían la verdad o por temor a represalias
contra su familia, lo cierto es que los Reinafé, ni ante los jueces ni
ante la horca, acusaron a Rosas ni a López. Sólo se inculparon entre
ellos mismos.
El “manco” Paz cuenta en sus memorias que tras la llegada de la
noticia del asesinato de Quiroga a Santa Fe –donde él permanecía
detenido– se produjo un “regocijo universal”, y poco faltó “para que se
celebrase públicamente”.
La muerte de Quiroga determinó la renuncia de Maza y afianzó entre
los legisladores porteños la idea de la necesidad de un gobierno fuerte,
de mano dura.
El 3 de marzo de 1835, en vísperas de aceptar la gobernación, Rosas
escribía: “Dorrego, Villafañe, Latorre, Quiroga y José Ortiz, todos
asesinados por los unitarios, pero ni esto ha de ser bastante para los
hombres de las luces y de los principios. ¡Miserables! El sacudimiento
será espantoso, y la sangre argentina correrá en proporciones”.
Pronto Quiroga, de la mano de Sarmiento, se transformaría en un símbolo
de la barbarie. El padre del aula y gran maestro lo utilizaría como
propaganda política al publicar desde Chile su libro Facundo. Civilización o barbarie, con un objetivo explícito: “Remito a su excelencia un ejemplar del Facundo que
he escrito con el objeto de preparar la revolución y preparar los
espíritus. Obra improvisada, llena por necesidad de inexactitudes, a
designio a veces, no tiene otra importancia que la de ser uno de los
tantos medios tocados para ayudar a destruir un gobierno absurdo y
preparar el camino de otro nuevo”.
lunes, 21 de enero de 2019
POLITICA: EXTRACTO DEL LIBRO DE DARIO GALLO Y GONZALO ALVAREZ GUERRERO | Enrique "Coti" Nosiglia y el ataque al regimiento de La Tablada.
Capítulo XVI : Los secretos de La Tablada
Aunque la vieja máquina de escribir fallaba, pudo escribir la carta de
un tirón. La escondió junto a dos cajas de archivo en un lugar
inaccesible de la casa paterna, en Charcas al 2500, a metros de la
comisaría 19 de la Policía Federal. Francisco "Pancho" Provenzano, amigo
del Coti Nosiglia, sabía que esas líneas mecanografiadas se
convertirían en su testamento histórico si algo llegaba a sucederle. Y
estaba convencido de que algo malo iba a pasarle, porque la carta
dirigida a su hermano empieza así: "Querido Sergio: Te tenía fe que lo
ibas a encontrar". "Pancho" no sabía bien qué le iba a ocurrir, pero
presagiaba que estaría ausente, y le elogiaba al hermano el olfato para
descubrir el secreto. Quince años después, esa carta puede aclarar en
gran parte por qué un grupo de militantes del MTP quiso tomar un cuartel
del Ejército. Y por qué muchas de las leyendas que se han tejido sobre
aquel 23 de enero de 1989, mientras Enrique Nosiglia era ministro del
Interior, tienen sólidos fundamentos. A las pocas horas de que
Provenzano dejara la carta en el escondite de la calle Charcas comenzó
su infierno.
El Coti se despertó del todo cuando del otro lado le avisaron que le iba
a hablar el presidente. Algo muy grave debía ocurrir para que a las
siete y media de la mañana Raúl Alfonsín llamara a su ministro de
vacaciones en Punta del Este: "Atacaron el cuartel de La Tablada; venite
ya, te mando el avión". Cuando empezaba a divisar Buenos Aires desde el
avión presidencial que atravesaba el cielo seminublado de ese mismo
lunes 23 de enero, trataba de imaginar el abanico de puteadas que
escucharía de Alfonsín en cuanto llegara a la Casa Rosada. El Coti
imaginaba muchas cosas, pero jamás hasta dónde quedaría atado para
siempre a las sospechas del copamiento del Regimiento de Infantería 3 de
La Tablada, ubicado a cinco kilómetros de Buenos Aires.
Todo había comenzado a las 6 de la mañana. Un camión repartidor de Coca
Cola derribó el portón del cuartel militar y atropelló al conscripto que
custodiaba el ingreso. Detrás aparecieron varios autos con los
ocupantes dispuestos a todo. Los recién llegados bajaron con armas
largas y se dispersaron entre las sombras por las calles de acceso. Un
grupo rodeó el edificio de la guardia de prevención y enfermería, donde
se produjeron las primeras bajas. Algunos asaltantes tenían las caras
pintadas y vivaban a Rico y a Seineldín. Otro grupo corrió al edificio
de la jefatura, donde cayó en la resistencia el mayor Horacio Fernández
Cutiellos, el segundo jefe del regimiento.
Al minuto de ocurrido el asalto, desde el patrullero de la comisaría de
San Justo estacionado en la avenida Crovara y el Camino de Cintura
vieron llegar corriendo a un hombre con uniforme del Ejército, con la
ropa desgarrada y sangre en la cara. Era Juan Manuel Morales, el soldado
que fue despedido por el aire cuando el camión embistió al portón del
Puesto 1:
-¡Nos coparon, nos coparon!
En menos de cinco minutos, la comisaría de San Justo estaba al tanto de
la incursión. Y dos patrulleros al mando del comisario Emilio García
salieron hacia el cuartel. Cuando García ingresó para ver qué pasaba,
fue ametrallado y murió poco después.
Los primeros curiosos en caminar en las cercanías del regimiento, entre
los monobloques que tapizan el Camino de Cintura y Crovara, encontraron
panfletos que convocaban "a todos los argentinos decididos, contra la
campaña radical para destruir nuestras FF.AA." Y más abajo alertaban:
"Damos inicio a las operaciones para aniquilar al enemigo marxista". Lo
firmaba el Nuevo Ejército Argentino, tras vivar al coronel Seineldín y
al teniente coronel Aldo Rico" . Los primeros periodistas en llegar a la
zona no lo dudaban: los carapintadas habían vuelto a atacar. Algunos
vecinos aseguraban haber visto que un Renault 12 había esparcido la
propaganda, para luego enfilar hacia el cuartel.
A las siete de la mañana, carros de asalto cargados con policías de
infantería, de Inteligencia, de comunicaciones, y móviles de todas las
comisarías de la región, rodearon el cuartel y dispararon sin saber muy
bien a quién. Desde el regimiento respondían. Cuando ya empezaban a caer
heridos o muertos los primeros policías, aparecieron los refuerzos
militares. Un oficial del Ejército que vestía una remera amarilla, al
que decían capitán, pasó ante los cronistas agazapados detrás un refugio
peatonal: "No pueden ser militares. Rico es un soldado, Seineldín es un
soldado. Ninguno de ellos daría una orden así. Quiénes son no sé, pero
propia tropa seguro que no". Tras esa evaluación al paso, el militar se
fue, pistola en mano, saltando entre los matorrales.
Pasada la media mañana, Nosiglia ya había llegado a la Casa Rosada, al
igual que Carlos Becerra, su amigo y secretario general de la
Presidencia. Aunque no llegaron a ver cómo cambiaba el rostro de
Alfonsín cuando recibió el llamado del jefe de la SIDE. Como la crisis
energética obligaba a la racionalización, el presidente había dado
órdenes de mantener los acondicionadores de aire apagados. Estaba en
mangas de camisa, con la corbata floja, y secándose la transpiración con
un pañuelo blanco cuando a las nueve y media lo llamó Facundo Suárez
para confirmarle la información que todos buscaban. "Raúl, es verdad,
son del MTP". Alfonsín gritó: "¡No puede ser! ¡Qué hijos de mil putas!".
Como el presidente dudaba de los informes iniciales del Ejército, había
delegado en Suárez la ratificación del origen del grupo atacante. A esa
altura, aunque no lo comunicaran a la opinión pública, ya lo sabían: el
Movimiento Todos por la Patria (MTP) había irrumpido en el cuartel a
sangre y fuego, como si fueran los años setenta, como cuando el ERP
intentó copar el batallón de Monte Chingolo. Volaban granadas y los
disparos silbaban en todos las direcciones. Un cabo primero había
perdido un pie, un comisario las dos piernas, otro cayó sangrando como
si fuera un barril agujereado. Más allá, con la cabeza destrozada, un
guerrillero cayó con la canana a medio completar con cartuchos de
escopeta. El olor a pólvora y a carne quemada lo inundaba todo.
El MTP era la versión rediviva del Partido Revolucionario de los
Trabajadores (PRT), el brazo político del Ejército Revolucionario del
Pueblo (ERP), donde habían militado la hermana y el cuñado de Enrique
Nosiglia. Francisco "Pancho" Provenzano, uno de los cabecillas del grupo
que ingresó al cuartel, era casi de la familia del ministro. Su padre y
su hermano fueron médicos de la familia Nosiglia. ¿Esas relaciones
familiares bastaban para incluirlo para siempre en las sospechas? Había
mucho más. Los primeros en señalar al Coti fueron los apóstoles
menemistas, metidos de lleno en el lanzamiento de la campaña
presidencial.
A fines de 1988, los seguidores del riojano estaban convencidos de que
sectores liberales del Ejército se opondrían de cualquier manera al
triunfo del justicialismo. Y manejaban dos hipótesis: un atentado contra
Menem o un golpe previo a las elecciones para asegurar la continuidad
radical. Mientras se iniciaba la campaña, el sector seineldinista que
apostaba a Menem trazó un cuadro de situación. En uno de ellos no
hablaba de Nosiglia, pero sí del sector radical que él lideraba, y
alertaba a estar atentos frente a un posible hecho desestabilizador
organizado por la Coordinadora que tendría por objetivo "la continuación
del régimen socialdemócrata".
Por esa misma época, Jorge Baños, fundador y dirigente del MTP, denunció
que había en marcha un golpe institucional contra Raúl Alfonsín. El 23
de diciembre de 1988 fue entrevistado por Página/12, diario que en ese
momento era financiado en parte por un grupo de ex ERP que se habían
reunido alrededor de Gorriarán Merlo en Nicaragua. Baños dijo allí que
"el vicepresidente Víctor Martínez estaba dispuesto a y a
relevar a Alfonsín cuando una fuerza militar suficiente lo disponga",
como forma de garantizar una transición rápida hacia el gobierno
menemista. Sin dudas, el rosario de suposiciones que Baños enhebraba en
sus denuncias públicas -difundidas con bombos y platillos por los medios
del Estado- eran funcionales al alfonsinismo. Es cierto que a
principios de ese mes Seineldín se había sublevado en Villa Martelli, y
que a parte del gobierno radical le interesaba destacar la polémica
coalición del militar rebelde con el candidato justicialista a la
presidencia como una forma de erosionar su credibilidad.
¿Quién era el denunciante Baños? Se había destacado por su participación
en los organismos de derechos humanos. Fue también militante del
Partido Intransigente y abogado del Centro del Estudios Legales y
Sociales (CELS). A Gorriarán Merlo lo conoció en un viaje a Nicaragua a
principios de los ochenta; ya asociado al guerrillero, integró la mesa
directiva del MTP desde su fundación en mayo de 1986. Los menemistas
empezaron a prestarle atención cuando vieron que sus denuncias ocupaban
grandes espacios en los canales y radios oficiales donde la Coordinadora
tenía influencia. Además, se enteraron de que ese abogado frecuentaba
el despacho de Nosiglia. Aún no se sabía que Jorge Baños era el
afortunado propietario de un departamento en Barrio Norte, comprado
gracias a un crédito del Banco Hipotecario Nacional, manejado por la
Coordinadora. En sólo tres días, en marzo de 1986, el BHN le entregó
18.000 dólares. Sin dudas, Baños venía muy recomendado. Poco antes del
asalto a La Tablada, dijo en conferencia de prensa que el presunto golpe
carapintada contra Alfonsín había sido analizado en una reunión entre
Mohamed Alí Seineldín, Carlos Menem y Lorenzo Miguel.
Tanto había repiqueteado la versión arrojada por Baños que cuando Menem
se enteró del copamiento creyó que eran los carapintadas. El riojano
estaba jugando tenis en Mar del Plata, en el balneario "Horizonte del
Sol", en el que tenían sus carpas los sindicalistas Luis Barrionuevo y
Diego Ibáñez. Tras el partido, llegó el vocero de Menem, de estrecha
relación con los servicios de Inteligencia: "Son subversivos. Es el
ERP", sentenció Juan Bautista "Tata" Yofre. Nada encajaba con los
análisis previos que manejaba el menemismo. Barrionuevo, como siempre
brutal en sus dichos, lanzó su deducción sin vueltas: "Esto lo organizó
el Coti, esto lo organizaron los radicales". Mientras se duchaba, Menem
pensó qué les diría a los periodistas que lo aguardaban afuera. Optó por
su instinto: "La información es contradictoria, pero creemos que se
trata de un levantamiento carapintada".
Recién después del mediodía, José Luis Manzano pudo comunicarse con su
amigo Nosiglia, que le dio la confirmación: era el MTP. Sin embargo,
poco antes el vocero presidencial José Ignacio López había dicho a los
periodistas que se trataba de una incursión carapintada. Más tarde, el
propio López leyó un comunicado en el cual calificaba a los atacantes
como "delincuentes", sin adjudicarles pertenencia ideológica a ningún
sector. ¿Por qué si el gobierno tenía la información de que era el MTP
desde la mañana seguía ocultándolo pasado el mediodía? La represión ya
era feroz y exagerada. Los carapintadas se comunicaron con el equipo de
Menem: "No tenemos nada que ver, ni somos atacantes ni somos los
represores. Es una maniobra para perjudicarnos, es lo que vinieron
armando los últimos días".
Cuando todo era fuego, humo, sangre y escombros, la agencia Diarios y
Noticias recibió la llamada desesperada de una mujer:
-Tengo que pasar un comunicado urgente desde el Regimiento de La
Tablada.
-¿Del Ejército? -preguntó el redactor que la atendía.
-No, de los que estamos adentro del cuartel. Tomame el comunicado que
nos están masacrando...
-¿Quiénes los masacran?
-El Ejército y la policía.
El texto que dictó la mujer abonaba la confusión: "Ante el ataque de un
grupo de carapintadas al cuartel de La Tablada, un grupo de patriotas
argentinos que luchan por la democracia ingresó al cuartel para aplastar
la sedición. Este grupo se encuentra ahora rodeado por la policía y el
Ejército y lucha por la democracia y la justicia social. Que el pueblo
rodee los cuarteles e impida el asesinato de los que luchan por la
liberación de la Patria. Firmado: Frente Democrático de Resistencia
contra el Golpe". Tras la transcripción, la mujer volvió a pedir ayuda,
el fuego se intensificaba. Pero dejaba en claro que algo había fallado
en la lógica de los incursores.
También despertó muchas suspicacias que el diario oficialista La Razón
titulara su quinta edición: "Grupo seineldinista copó el Regimiento 3 de
Infantería". ¿Quién había pasado esa información al diario con línea
directa a la Casa Rosada?
Durante todo el día, el Ejército intentó recuperar el cuartel y fue
destruyendo las instalaciones a fuego de artillería. Al anochecer
continuaban cayendo los trozos de mampostería, y el fuego rabioso de los
tanques iluminaba el campo como si fueran relámpagos. En una reunión en
Casa de Gobierno, donde estaban entre otros el comisario Juan Ángel
Pirker, y el uno y dos del Ministerio del Interior, Nosiglia y Gil
Lavedra, miraban azorados por TV el espectáculo trágico de cómo se
bombardeaba un regimiento para sacar a un puñado de ocupantes: "Si me
dan dos horas y una compañía con gases lacrimógenos, desalojo el
regimiento", sentenció Pirker, quien murió días después, en medio de un
ataque de asma, según la versión oficial.
Los cañones se concentraron en el casino de suboficiales y en el sector
de calabozos de la guardia de prevención, donde estaban los atacantes.
Las balas trazadoras cruzaban la noche de La Tablada. Sólo se oyó un
largo silencio tras el estallido del arsenal del regimiento. Fue un
estruendo que conmovió la tierra en cuarenta cuadras a la redonda. A la
medianoche sólo algunas explosiones aisladas cortaron la espera hasta el
amanecer. Los grupos comando esperaban las luces del día porque no
contaban con miras infrarrojas.
¿Qué fuerza operativa tenía el MTP? ¿Con qué armas contaba? ¿La SIDE no
los investigaba? Seis meses antes del ataque, Alfonsín recibió un
informe de la Secretaría de Inteligencia. Aunque algunos detalles eran
inquietantes, el análisis parecía mostrar cierta ingenuidad. Bajo el
subtítulo "Códigos", el informe decía: "En varios casos, los integrantes
del MTP continúan manejándose con términos y códigos, como así también
utilizando sólo sus primeros nombres o apodos, en forma similar a la
empleada años atrás por las organizaciones armadas". Al final, el
documento de la SIDE evaluaba: "Tampoco sería descartable que, si sus
intereses así lo impusieran, el MTP considere un eventual retorno a la
lucha armada, habiendo asumido ya errores y experiencias anteriores".
También se destacaba que la mayoría de los representantes del interior
del MTP había pertenecido al ERP.
Muchos de ellos, como Francisco "Pancho" Provenzano, pasaron buena parte
de la dictadura en la cárcel. "Pancho" había caído preso en enero de
1976, y salió recién en 1982. Durante dos años y medio coincidió en la
cárcel de La Plata con aquellos amigos que jugaban al rugby en Central
Buenos Aires y que nutrieron al ERP: Oscar "Pato" Ciarlotti, cuñado por
partida doble de Nosiglia, y Eduardo Anguita. Los mismos que a
principios de los setenta veían jugar a las cartas al Coti con la abuela
de Ciarlotti, peaje que debía pagar el muchacho que noviaba con la
hermana del "Pato".
¿Durante los años previos al ataque se siguieron viendo el Coti y
"Pancho"? Tenían una relación fluida. Dos militantes del MTP recuerdan
que durante 1988 los llamados telefónicos de Nosiglia a Provenzano eran
habituales. Ellos lo sabían porque atendían el teléfono 47-0528 de
Tucumán 2250, donde funcionaba el movimiento. En algunas ocasiones
-Nosiglia ya era ministro del Interior-, ni siquiera llamaba a través de
una secretaria: "Soy Coti. ¿Está Pancho?", preguntaba. Nosiglia y
Provenzano también solían encontrarse en dos bares cercanos al Comité
Capital de la UCR.
A partir de 1983, Provenzano cultivó una estrecha relación con Capitán
Nosiglia. Sergio, el padre de "Pancho", había sido compañero del padre
del Coti mientras trabajaron juntos en Salud Pública durante la
administración Illia. Al recuperar su libertad, en la agonía de la
dictadura, "Pancho" retomó su práctica política en lo que luego sería el
MTP y era una apasionado discutidor de temas políticos. A Capitán esa
rebeldía le devolvía la imagen de "Chuchi", su hija desaparecida. Luego
de vender libros o hacer tareas de plomería para ganarse unos pesos,
"Pancho" pasaba por la casa de los Nosiglia, en Rodríguez Peña al 1400.
Allí discutían hasta el anochecer, mientras el viejo médico de Misiones
llenaba los vasos de whisky. Las tenidas con "Pancho" venían a suplir
también la falta de diálogo de Capitán con el Coti, quien estaba ocupado
en la Subsecretaría de Acción Social primero, y en el ministerio luego.
Aunque la relación de Capitán Nosiglia y "Pancho" Provenzano era el
lazo más fuerte entre ambas familias en esa época, las ligazones
excedían la amistad. Sergio Provenzano, el padre de "Pancho", fue médico
de la familia Nosiglia, y también su hijo homónimo, especializado en
ginecología. Varios descendientes de los Nosiglia llegaron al mundo
ayudados por los Provenzano. A nadie debía extrañar entonces que más de
una vez el Coti se encontrara con "Pancho" para ver en "qué andaba". Se
conocían de chicos, y ahora uno de ellos manejaba información
privilegiada de sectores oficiales y el otro sabía en "qué andaba" la
oposición política. Tras el ataque a La Tablada, Nosiglia y sus
funcionarios trataron de minimizar esta relación: "Los Provenzano
siempre fueron radicales y viejos conocidos de la familia, pero se veían
poco con el Coti", mentían.
Esta relación entre Nosiglia y Provenzano fue muy publicitada en los
meses previos al ataque por Guillermo Cherashny, ex rival del Coti en la
Juventud Radical devenido en columnista del semanario El Informador
Público. Diez días antes del ataque del 23 de enero, Cherashny escribió
una columna con el título "El ERP y la Coordinadora". Allí decía que un
sector del ERP liderado por Gorriarán Merlo y la Junta Coordinadora
Nacional de la UCR Capital -que lideraba Nosiglia- habían alcanzado un
"acuerdo táctico". En el mismo artículo, señalaba que Gorriarán había
invertido un millón de dólares en un diario de centroizquierda. No
aclaraba que era Página/12, pero se intuía. A la semana siguiente, el 20
de enero, Cherashny volvió a la carga con la presunta alianza entre el
MTP y la Coordinadora. En su columna afirmaba que Nosiglia les había
pedido a los dirigentes del MTP que denunciasen un pacto entre Menem y
Seineldín. Cherashny también escribió sobre un encuentro entre Nosiglia y
los dirigentes del MTP Felicetti y Provenzano a fines de diciembre, en
la confitería Paladium. El apoderado del PJ, César Arias, aprovechó ese
dato para cargar contra Nosiglia. El 7 de febrero, el dueño de Paladium
difundió un comunicado. Juan Lepes reconoció que había estado presente
el ministro de Interior en el desfile de moda organizado el 29 de
diciembre, pero desconocía la presencia de los dirigentes del MTP y
cerraba el comunicado: "Es nuestra intención esclarecer los
acontecimientos, quedando a disposición de quien corresponda, sin que
esto implique algún pronunciamiento político de ninguna naturaleza".
¿Lepes había recibido presión de Nosiglia para negar el "encuentro" de
Paladium? El empresario asegura que fue por iniciativa propia y que
recuerda que aquella noche sólo le pidió al ministro que dejara afuera
de la confitería a sus dos custodios "porque eran dos monos que
asustaban de sólo verlos".
Facundo Suárez, jefe de la SIDE, también desmintió el encuentro, y
aclaró que había sido el médico Sergio Provenzano -y no "Pancho"- el que
había estado en Paladium junto al Coti, veinticinco días antes del
ataque al cuartel. Pero el hermano de Provenzano jamás habría estado
allí. Aunque una vez, "para descomprimir" el clima, dijo en una
entrevista de radio que había sido él quien se entrevistó con Nosiglia
en Paladium. ¿Quién le había sumistrado la información del encuentro a
Cherashny? Si el jefe de la SIDE pretendió desvirtuarla, algo habría de
cierto en el dato. Al parecer, un oficial de Inteligencia de la Policía
Bonaerense -cuyas iniciales son C.B.- fue testigo del encuentro en
Paladium.
Facundo Suárez defendió hasta su muerte la inocencia de Nosiglia: "La
bronca del Coti con la gente del MTP, pero en especial con Pancho, tiene
su origen en que hasta último momento, y a pesar de las cosas que
publicaba Cherashny, Pancho le hizo saber que ellos estaban dentro del
sistema, y no planeaban nada violento. Por lo visto, el Coti mucho no
les creyó porque me pidió que lo mantuviésemos vigilados". El mismo
Suárez contó que durante 1988 se reunían cada quince días representantes
de la SIDE, la Policía Federal y las fuerzas de seguridad para estudiar
la situación de los carapintadas y de aquellos sectores que estuvieron
ligados a la violencia. Según las estimaciones, el MTP no tenía más de
treinta o cuarenta cuadros en condiciones operativas, que "a lo sumo
podrían tomar una comisaría o algo así". ¿Quién les hizo creer a ese
reducido grupo de fanáticos que su aventura sería un paseo por el
cuartel, tocar y salir? Hay pocas alternativas. O Gorriarán estaba loco y
creyó que con treinta personas -muchas mal armadas y sin entrenamiento-
podía abortar una rebelión militar. O el plan era otro.
Pero ¿qué relaciones tenía el MTP con Nosiglia, más allá de Provenzano y
de Baños? Es probable que hubiese un "cambio de figuritas", pases de
información que le servía a cada uno. Gorriarán cuenta que a mediados de
mayo de 1988, de paso por Panamá, se enteró de que el agregado militar
en ese país, que no era otro que Seineldín, preparaba un golpe contra el
presidente Alfonsín. Los oficiales de la Guardia Nacional panameña
también le informaron a Gorriarán que Seineldín se encontraba a menudo
con dos emisarios de Menem: César Arias y Julio Mera Figueroa. En su
autobiografía dice Gorriarán: "A mi regreso nos comunicamos con el
gobierno y le informamos el plan que Seineldín preparaba desde Panamá.
Además le entregamos aquella cinta donde el jefe carapintada justificaba
las acciones de la última dictadura. El casete se lo dio,
concretamente, Pancho Provenzano a Enrique Nosiglia en el local central
de la UCR".
Como el mismo Gorriarán reconoce cuando dice "a mi regreso", el
guerrillero prófugo estaba viviendo en Buenos Aires desde mediados de
1988. Con algunas personas más, el jefe del ERP vivía en un departamento
de la calle Yerbal alquilado por Provenzano. ¿Será cierto, como decía
Facundo Suárez, que Nosiglia le había pedido que vigilara a los del MTP e
incluso a "Pancho"? Sólo hay tres posibilidades: a) la SIDE era muy
incapaz; b) Nosiglia en realidad quería tener "controlados" a los del
MTP; c) Gorriarán vivía con el amigo del ministro del Interior con la
seguridad de que no sería buscado en esa casa de Flores.
En su justificación del ataque a La Tablada, el mismo Gorriarán explica
que desde mediados de enero conocían que "el plan se iniciaría con el
levantamiento del Regimiento 3". Y que trataban del hablar con todo el
arco político sobre la situación militar: "Las conversaciones más
importantes con el radicalismo las hicimos con Nosiglia, que en ese
momento era ministro del Interior, y con Gil Lavedra que lo secundaba en
el ministerio. En esos encuentros pudimos advertir que el gobierno de
Alfonsín estaba convencido de la inminencia de una nueva sublevación
pero no tenía la decisión ni la voluntad de resistir, de recurrir al
pueblo".
Quince años después, el historiador Felipe Pigna dialogó con Gorriarán,
quien le volvió a contar la historia de Panamá. Y que cuando se enteró
de las movidas entre menemistas y Seineldín regresó a la Argentina e
informó al gobierno.
-¿A quién del gobierno? -preguntó Pigna.
-A Nosiglia. Creo que en cuatro oportunidades. La primera en el local
central de la UCR en la Capital. Lo que percibimos era que el gobierno
veía que era muy probable que eso sucediera.
-¿Eso lo decía Nosiglia?
-Sí, y Gil Laavedra, que era viceministro. Nos decían que no sabían qué
hacer. Los veíamos abrumados. Nosiglia nos decía: "No sabemos qué
hacer".
Aunque está claro que el ministro del Interior no se reunía con
Gorriarán -estaba prófugo desde 1983-, sabía que el guerrillero
monitoreaba los movimientos del MTP. Un mes y medio antes del ataque, el
MTP publicó una solicitada con el título "Resistamos la amnistía y el
golpe". La firmaban, en este orden, Enrique Gorriarán Merlo, fray
Antonio Puigjané, Jorge Baños, Carlos Alberto Burgos, Roberto Felicetti y
Francisco Provenzano. Con tres de ellos, por lo menos, el Coti había
tenido contactos durante los meses previos al 23-E.
En su libro Los sospechosos de siempre, el periodista Jorge Boimvaser,
de excelentes contactos con los servicios de Inteligencia, cuenta:
"Facundo Suárez estaba al tanto de que Nosiglia, en plena campaña
electoral, prestaba apoyo a cualquier sector extrapartidario que se
atreviese a desgranar denuncias públicas contra el candidato
justicialista. Toda acción se considera útil para ensuciar la imagen
opositora. "Pancho" Provenzano, amigo de Nosiglia, había llevado una de
esas propuestas. Consistía en una lluvia de acusaciones periodísticas y
judiciales contra Carlos Menem y sus aliados, de la que se encargaría el
titular del MTP, Jorge Baños. La campaña tenía un precio que el
Ministerio del Interior solventó con partidas provenientes de sus fondos
reservados". Boimvaser va más allá y asegura que Provenzano recibió
"extraoficialmente" la suma de quince mil dólares en diciembre de 1988,
con los cuales adquirieron varias armas en armerías céntricas.
A mediados de 1988, Tomas Borge, amigo de Gorriarán y por entonces
ministro del Interior del gobierno nicaragüense, pasó por Buenos Aires.
Gorriarán había asesorado a los sandinistas en la conformación de la
policía de Managua y había organizado y ejecutado el asesinato del
dictador nicaragüense Anastasio Somoza en Asunción. Por aquel informe de
la SIDE que creía posible que un sector del MTP integrado por ex
guerrilleros del ERP volviera a operar en algún momento, Alfonsín le
pidió a Nosiglia que se entrevistara con Borge. La idea era advertirle
que el gobierno argentino había detectado la posibilidad de que el MTP
estuviera organizando algún hecho de violencia bajo el mando de
Gorriarán Merlo. Cuenta el ex presidente argentino: "Según el informe
que Nosiglia me brindó de ese encuentro, la respuesta de Borge fue que
el gobierno de Nicaragua no tenía mucho que ver con Gorriarán. Sin
embargo, Nosiglia le respondió que el MTP sí tenía mucho que ver porque
el gobierno argentino tenía información de que el terrorista argentino
había sido funcionario del gobierno sandinista".
Por un lado, la gestión radical denunciaba a Gorriarán; por otro,
Nosiglia recibía información del terrorista de manos de Provenzano, como
cuando el ex jefe del ERP le trajo desde Panamá la casete con dichos de
Seineldín. En el libro Gorriarán, La Tablada y las guerras de
inteligencia en América latina, un militante del MTP les contó a los
autores: "En noviembre de 1988, Pancho Provenzano recibió un informe
reservado de la empresa petrolera Bridas, tal como venía sucediendo
habitualmente, ya que teníamos una adherente que tenía acceso a ese
material reservado. Allí se pronosticaba un inminente estallido social y
preveía que los carapintadas buscarían encaramarse en las
reivindicaciones populares, lo que provocaría un gran enfrentamiento en
el seno del Ejército, lo cual a su vez condicionaría aún más al
debilitado gobierno de Alfonsín".
La petrolera Bridas, de los hermanos Carlos y Alejandro Bulgheroni, fue
la empresa que más creció durante la dictadura militar y el gobierno de
Alfonsín. Nosiglia cultivó la relación con los Bulgheroni no bien llegó
al poder. De ahí la sociedad con ellos para editar Tiempo Argentino.
El informe de inteligencia de Bridas que "Pancho" Provenzano llevó al
MTP, ¿lo consiguió por un adherente que trabajaba en la petrolera o
porque Nosiglia se los daba a Provenzano? Ese reporte fue hecho por ex
militares, con los cuales los Bulgheroni tenían estrechas relaciones.
¿Fueron esos anuncios de rebeliones carapintadas los que sirvieron para
convencer a los integrantes del MTP de que debían actuar? Nunca se
dilucidó si los cabecillas guerrilleros usaron ese material sabiendo que
podían ser víctimas de una manipulación, o si ellos se encargaban de
manipularlo para cohesionar a su gente y embarcarlos en una aventura
irracional.
La petrolera Bridas también era mencionada en Centroamérica, donde un
grupo de militares argentinos encabezados por el coronel Osvaldo Ribeiro
y el teniente coronel Santiago Hoya adiestraba a los "contras" de la
región, mientras Gorriarán estaba en el bando de enfrente. Hoya y su
gente cubrían las apariencias diciendo que pertenecían a la petrolera
Bridas. Santiago Hoya había hecho carrera en la SIDE desde 1972 y se
especializó en el ERP. Desde entonces, hubo "una perversa competencia
entre él y Gorriarán". Pero Hoya debió volver en 1984 a Buenos Aires,
puesto que un nuevo jefe de la CIA llegado a la región descubrió que el
argentino tramaba una sublevación de un sector de los contras. ¿Su
guerra de inteligencia particular con el jefe del ERP siguió durante el
gobierno de Alfonsín?
A las 9.10 del 24 de enero, los guerrilleros respondieron a la
intimación a través de los altoparlantes y salieron con las manos en
alto, mezclados con algunos rehenes. Eran dieciséis, entre ellos, dos
mujeres. Según Gorriarán, las víctimas no fueron 39 como dice la prensa,
sino 43. "De ellas, cinco eran oficiales y suboficiales del Ejército,
cuatro eran soldados y dos pertenecían a la policía. Los treinta y dos
restantes eran compañeros nuestros", cuenta el jefe guerrillero en su
autobiografía. Entre los muertos, la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos denunció que nueve de ellos fueron asesinados tras ser
detenidos. Entre ellos, Francisco Provenzano, el amigo de Nosiglia.
Según distintos testimonios, "Pancho" se rindió con el grupo que
comandaba. Cuando todos estaban en el piso, comenzaron a preguntar:
"¿Quién es Pancho?". Como nadie hablaba, unos oficiales empezaron a
castigar a los rendidos. Fue cuando Provenzano dijo: "Yo soy Pancho". Y
se lo llevaron. Sus ex compañeros juran que oyeron sus gritos como si lo
estuvieran torturando. Nunca más regresó.
En el momento del ataque, el médico Sergio Provenzano estaba de viaje en
Europa. Volvió en cuanto se enteró, y le dijeron que su hermano estaba
desaparecido. Había algunos cadáveres imposibles de identificar y se
creía que varios guerrilleros que entraron al cuartel pudieron huir por
los fondos que dan a una cantera en la noche del 23 al 24. El médico le
dijo a Nosiglia que iba a dar vuelta cielo y tierra para tratar de
identificar a su hermano. "Voy a ordenar que te den lo que necesites",
le prometió el Coti. ¿Por qué Sergio Provenzano estaba convencido de que
su hermano estaba entre los muertos?
Durante varios días, luego del ataque, la casa familiar de los
Provenzano estuvo clausurada. Tras la requisa policial, Sergio fue a la
casa paterna hasta el recoveco donde "Pancho" solía guardar documentos
comprometedores. Era la parte superior de una falsa columna dentro de
los roperos del cuarto matrimonial. Allí la encontró. "Pancho" había
dejado dos cajas de archivo plásticas, además de la carta
mecanografiada.
Testimonios de integrantes del MTP describieron la dura reunión que se
llevó a cabo tres días antes del ataque, donde Baños y Provenzano
chocaron con la decisión de Gorriarán de atacar el cuartel. Hubo
votación, y ganó Gorriarán. Horas después, "Pancho" escribió la carta y
junto a otros documentos la dejó en el escondite de la calle Charcas,
con la certeza de que llegaría a manos de su hermano Sergio.
Un mes después del ataque, un hombre que dijo ser miembro de un servicio
de Inteligencia se presentó en los diarios Clarín y La Razón. A cambio
de dinero, prometía pruebas irrefutables de que "Provenzano no murió en
el cuartel, sino en otro lugar". ¿Por qué -según todas las pruebas- el
guerrillero que se entregó vivo fue asesinado? ¿A quién comprometía lo
que sabía Pancho Provenzano? Los dos principales contactos del MTP con
el gobierno radical -Baños y Provenzano- salieron muertos del cuartel.
Todas las suposiciones que se pudieron haber hecho de la suerte del
amigo de Nosiglia tras la rendición deberán ser replanteadas luego de la
aparición de la carta escrita por "Pancho".
"Querido Sergio: Te tenía fe que lo ibas a encontrar / Perdoná
pero esta máquina no la arreglaron nunca / Sabía que no dormirías hasta
entender. Claudia está ciega y sólo escucha a Gorriarán. Mi información
no me permite disuadirla, aceptó dejarte todo lo que quería incluso
Irene tan segura está. Para mí Gorriarán arregló por arriba entre los
servicios. Si hay lío no me haré matar tontamente y además puedo aclarar
las cosas, ellos lo saben y no creo que me dejen vivo. Es posible que
me quieran dar por desaparecido. Acordate de mi columna, estás
acostumbrado.
"Dejé todo lo que quería además del reloj y mi billetera. Después
de este favor te prometo no joderte más. Pancho".
La carta está redactada sobre el papel de recetario de Provenzano padre,
con una Remington viejísima, cuyo sonido inspiraba al viejo médico.
"Pancho" muestra su impotencia para convencer a su mujer, Claudia Lareu
-la madre de su hija Irene-, de que la incursión en La Tablada era una
locura. Y luego, hace una afirmación terrible: "Para mí Gorriarán
arregló por arriba", entre los servicios de Inteligencia. Si bien
expresa esa posibilidad como si fuera sólo una creencia suya, "Pancho"
parecía adivinar todo lo que iba a ocurrir: "Si hay lío no me haré matar
tontamente". En cuanto vio que el combate sería imposible, juntó a su
grupo y se rindió para evitar una muerte "tonta". Pero a continuación
advierte en la carta: "Además puedo aclarar las cosas. Ellos lo saben".
¿A quiénes se refería? ¿A Gorriarán y a los servicios de Inteligencia?
Sin embargo, antes de terminar de escribir ese renglón, en una
coincidencia macabra con lo que ocurrió, Provenzano razona con lógica
cruel: "No creo que me dejen vivo, es posible que me quieran dar por
desaparecido, acordate de mi columna. Estás acostumbrado". Había en la
dramática carta ciertos guiños para su hermano, bromas familiares -la
máquina de escribir nunca arreglada- y una cuota de humor negro: le
recordaba que había sido operado de la columna y con el "estás
acostumbrado" se refería a que Sergio había trabajado de médico legista.
En una de las cajas, "Pancho" dejó las radiografías que mostraban cómo
había quedado su columna tras la operación, un documento fundamental si
su hermano tuviera que reconocerlo aunque hubiesen pretendido "hacerlo
desaparecer" como presagiaba. Eso fue lo que ocurrió.
A los autores de Gorriarán, "un ex ministro radical" les contó que
existía esa carta. Pero la desacreditó. Los periodistas escribieron: "La
presunta existencia de esta carta constituye hasta hoy un misterio". El
único ministro radical que podría haber hablado de eso es Nosiglia. El
hermano de Provenzano le dio una fotocopia a los pocos días del 23-E.
Pero jamás le reveló al entonces ministro del Interior qué otros
elementos había dejado "Pancho" junto a la carta, es decir, el contexto
que permite aseverar que esas líneas mecanografiadas jamás podían haber
sido un invento de los servicios. Uno de esos elementos era la historia
clínica de su columna vertebral. Pero, además del reloj y la billetera
que citaba en las últimas líneas, dejó documentación de Irene, la hija
que tuvo con Claudia Lareu, material sobre el PRT de procesos internos y
documentos particulares que había conservado desde varios años atrás.
Sergio Provenzano, tras el hallazgo de las radiografías y de entregarle
una copia de la carta, le dijo a Nosiglia que iba a identificar a
"Pancho", cueste lo que cueste. El ministro, como había prometido,
ordenó que le facilitaran los medios necesarios. En la tarea médica más
dolorosa de su vida, Sergio Provenzano fue hasta la morgue, disecó las
columnas de los cadáveres mutilados que aún no habían sido reconocidos
por estar desfigurados. El cuarto cuerpo que examinó era el de su
hermano. No tenía dudas: por un lado, se lo decía el problema en la
cuarta vértebra, y por otro, cotejó con una ficha dental que le proveyó
el odontólogo de "Pancho". El cuerpo estaba quemado como si le hubiera
estallado una granada a medio metro, o como si lo hubieran incinerado
entre neumáticos. Pero además le habían mutilado los miembros. Gracias a
su propia carta y al tesón de su hermano Sergio, el 7 de febrero
"Pancho" Provenzano dejó la categoría de N.N. con la cual querían borrar
todo rastro.
¿Fue un ataque preparado con tiempo? De las quince armas nuevas que
portaban los atacantes, catorce habían sido compradas con papeles entre
el 10 y el 21 de enero en distintas armerías de Buenos Aires. Aunque
según fuentes del gobierno, hubo un largo y meticuloso preparativo en el
exterior, donde se habrían obtenido pertrechos. Enumeraban, además de
las armas nuevas, fusiles FAL con dispositivos de disparo que no usaban
las fuerzas argentinas, ametralladoras chinas, lanzadoras rusas
conocidas como "palo de fuego" y lanzagranadas de 40 mm de origen
norteamericano. En una crónica periodística del ataque, se analizan los
elementos del guerrillero Osvaldo Farfán, quien en realidad era Roberto
Sánchez: "El arma que portaba era un fusil FAL cuyo tubo del cañón no es
de origen nacional y presentaba rastros de haber estado bajo tierra
durante mucho tiempo (probablemente desde la década del 70).
La madera de la culata también presentaba vestigios de tierra y
herrumbre".
¿De dónde provenían las armas de guerra que no habían sido compradas en
el Once o en el centro porteño durante ese enero y dónde habían estado?
Muchas de ellas habían permanecido enterradas en Jujuy, cerca del
Ingenio Ledesma, desde 1982. A principios de 1981, Gorriarán y los suyos
habían penetrado en ese monte para iniciar acciones de propaganda
armada. Asentados en Nicaragua tras el triunfo de la revolución
sandinista, los ex ERP decidieron volver a operar en la Argentina con un
grupo de doce personas, que llegó a duplicarse poco tiempo después.
Durante un año recorrieron una extensión de cuarenta kilómetros de largo
por veinte de ancho, sin ser detectados. Habían traído las armas desde
Nicaragua en una verdadera road movie por Latinoamérica, en su mayoría
rezagos de la guerra contra el somocismo.
Al terminar la guerra de Malvinas, y ante el nuevo panorama de apertura
democrática, el propio Gorriarán subió al monte para explicar por qué
había que desactivar la unidad guerrillera. Pero dos de los integrantes,
José Luis Caldú y Pablo Belli, se negaron en principio a bajar. Dudaban
de la salida democrática. Costó convencerlos. Siete años después, ambos
reaparecerían y morirían en La Tablada. Al igual que esas armas que
permanecieron enterradas en Jujuy durante gran parte de la gestión
alfonsinista, rebrotaron en la incursión del 23-E.
Un detenido declaró que en una quinta de Moreno le dijeron que iban a
hacer una toma simbólica y que no iba a haber tiros. "Era tomar el
cuartel y salir." Según el preso, que era albañil, en la misma quinta le
dieron una escopeta y las instrucciones para usarla, pero una vez
adentro del cuartel, cuando quiso dispararla, el arma no funcionó. Otro
integrante del MTP declaró que no habían fijado postas sanitarias
-lugares para atender posibles heridos- porque estaban convencidos de
que no habría enfrentamientos. ¿Quién les dio tal información a los
incursores? ¿De qué fuente bebían para terminar envenenados?
Uno de los primeros señalados por la oposición fue Enrique Nosiglia. Le
achacaban su relación con Provenzano y también sus contactos con Baños.
El abogado menemista César Arias presentó una denuncia para que la
Justicia investigara qué relación tenían los atacantes con los
funcionarios radicales. También citaba a Carlos Becerra, el secretario
general de la Presidencia e íntimo de Nosiglia. Según Arias, Carlos
Ferreyra Beltrán -hermano de Alejandro, dirigente del ERP- era jefe de
asesores de Becerra. En realidad, hablaba de Pablo Ferreyra Beltrán,
quien siempre fue radical y secretario de Becerra cada vez que éste fue
funcionario público. Mientras se hacía la presentación judicial que les
apuntaba a los líderes de la Coordinadora, Menem acusaba al gobierno de
intentar postergar las elecciones y aseguraba que lo ocurrido en La
Tablada "era una maniobra urdida para tratar de destruir al
justicialismo y posibilitar que siga gobernando el radicalismo".
El diputado peronista Rubén Cardozo también apuntó contra Nosiglia:
"¿Por qué de golpe y porrazo aparece este grupo subversivo lleno de
mercenarios intentando tomar el cuartel? ¿Qué hacían el responsable de
los servicios de Inteligencia y el ministro del Interior? ¿Por qué el
doctor Nosiglia viajó a Europa sin razón aparente durante veinte días?".
Las presiones hacia Nosiglia eran tantas que el ministro tuvo que hacer
lo que menos le gusta: dar la cara frente a los medios. Entre mate y
mate, a menos de una semana del ataque, el Coti explicaba: "Una línea de
razonamiento apunta al carácter táctico de la operación: el grupo
buscaba el copamiento del cuartel, producir algunos crímenes, retirarse
con una parte del parque de armas y dejar volantes que llevaran a pensar
en una acción de los grupos vinculados con Rico y Seineldín. Tras la
constitución del foco insurreccional, el pueblo acudiría a rodear los
cuarteles, asociándose a este grupo e iniciando el camino a la toma del
poder".
El periodista le preguntó por un análisis que circulaba por esas horas:
"Todo esto podría indicar que los terroristas fueron confiados y ;
es decir, que fueron víctimas de una provocación...". Nosiglia volvió a
acomodar la yerba del mate y se le escapó una revelación: "No lo creo.
Esto debió estar preparado desde bastante tiempo antes. Nadie puede
tomar un cuartel sin una tarea de inteligencia previa. Esto sería
suponer que se trata de una banda de mamarrachos. Y la sola presencia de
un cuadro militar como Gorriarán Merlo descarta la posibilidad de un
hecho improvisado". El periodista se estaba llevando la primicia,
Gorriarán había estado en el operativo. Estaba confirmado.
El 4 de agosto de 1989, ya como ex ministro del Interior, Nosiglia tuvo
que declarar en la audiencia oral y pública por el asalto al regimiento.
El mayor esfuerzo del Coti fue despegarse de las acusaciones de los
carapintadas sobre su complicidad con el MTP. Su testimonio fue
deshilvanado, lucía nervioso y desmemoriado. El título de Clarín del día
siguiente decía: "Aseguró Nosiglia que no conocía a quienes atacaron el
cuartel". Los defensores de los presos estaban furiosos y anunciaron
que pedirían el procesamiento por falso testimonio del ex funcionario.
En su esfuerzo por ser creíble, contó que estaba de vacaciones en Punta
del Este, "que no leía los diarios" y que el ataque lo tomó por
sorpresa. Dijo que de los atacantes a La Tablada no conocía a ninguno y
citó, por ejemplo, a Roberto Felicetti: "No lo conozco". Según gente del
MTP, a principios de 1988, la mesa nacional del movimiento se había
reunido con Nosiglia, pero éste parecía haberlo olvidado. No se pudo
efectuar un careo porque justo ese día el preso adujo una indisposición y
se quedó en su celda. Aunque sí reconoció que conocía a Francisco
"Pancho" Provenzano por relaciones entre las familias. La táctica del ex
ministro, al nombrarlos motu proprio, era evitar que le preguntaran por
encuentros con ellos en los días previos al 23-E, según las denuncias
que circulaban.
Cuando terminó su testimonio, uno de los abogados defensores saltó: "El
testigo ha sido mendaz, por haber dicho que no conocía a Roberto
Felicetti, ya que efectivamente lo conocía", dijo Antonio Roca Salinas.
Como nunca se lo había visto antes, Nosiglia estaba pálido y sacudía una
pierna por un temblequeo nervioso que lo acosó durante la hora y media
de su permanencia en la sala. Sin embargo, el grupo de letrados de los
presos abandonó luego la idea de pedir el procesamiento de Nosiglia por
falso testimonio. Tal vez influidos por los presos con mayor
predicamento del grupo. ¿Por qué Felicetti faltó justo cuando fue
Nosiglia a declarar?
En su testimonio, el Coti también negó que el fallecido comisario Pirker
le hubiera dicho que podía desalojar a los incursores usando una
compañía de gases. En cuanto a la relación con "Pancho" Provenzano,
Nosiglia juró que no lo veía "hacía muchos años". Pero esa afirmación se
podría refutar con facilidad. Buena parte de los presos sabía que
"Pancho" se encontraba con el "amigo ministro", y el propio Gorriarán
reconoce que hubo por lo menos cuatro entrevistas entre Provenzano y
Nosiglia a lo largo de 1988.
En su libro de memorias publicado quince años después de los sucesos,
Raúl Alfonsín pretende defender a Nosiglia. Según el ex presidente, su
ministro desvirtuó las ataques salvajes de la oposición. ¿Qué dijo el
Coti para explicar sus relaciones con gente del MTP? "Desde los 14 años
he hecho política en mi país. Siempre pensé que el diálogo era uno de
los medios de que disponía para resolver conflictos (...) Yo he conocido
personalmente a los señores Baños, Felicetti y Provenzano. Los padres
de este último han sido íntimos amigos de mis padres. Todos ellos
militaban en la superficie y mostraron señales sólidas de haber
emprendido el camino de la disputa electoral. En ese carácter he
dialogado con ellos. Niego terminantemente que los nombrados me hayan
transmitido sus intenciones."
Las contradicciones entre estas afirmaciones políticas de Nosiglia y su
verdad judicial durante el juicio de La Tablada son evidentes. Nunca,
como en ningún otro tema, intentó despegarse tanto. Muchas veces, en su
afán por aumentar la leyenda sobre su figura, el Coti dejaba correr
todas las versiones para alimentar el mito. El caso La Tablada es la
excepción.
¿Quién ganó y quién perdió con el ataque? Más allá de las víctimas de
uno y otro sector que pusieron el cuerpo, el Ejército se robusteció tras
el bombardeo exagerado que teatralizó con la recuperación del cuartel.
Gorriarán logró escabullirse del escenario, pero una vez más revalidaba
su título de principal prófugo de la justicia argentina.
Días antes del ataque, Francisco "Pancho" Provenzano andaba preocupado.
Demasiado encerrado en sí mismo. Algo le decía que debía andar con
cuidado. "Para mí Gorriarán arregló por arriba entre los servicios",
escribió en su mensaje cargado de dudas. Y creía que no lo iban a dejar
vivo porque sabía demasiado. Ni siquiera confiaba en sus amigos
todopoderosos. Menos que menos.
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