
Aquel niño, que había nacido un 10
de agosto de 1880, comenzó a sentir la realidad a través de los
Evangelios que le leía su madre. Allí escuchó por primera vez palabras
como igualdad, justicia, oprimidos y liberación. El Sermón de la montaña
con sus bienaventuranzas lo marcó a fuego. Y decidió, como muchos antes
que él, que había que hacer realidad aquellas palabras de Jesús. En un
principio creyó encontrar el camino en los Círculos Católicos de
Obreros, pero comenzó a sentir que no había tiempo para esperar la
redención celestial y su discurso se fue volviendo tan inconveniente a
los ámbitos clericales como coherente con las ideas socialistas que
comenzaban a difundirse en nuestro país, de la mano de los inmigrantes
que llegaban de a miles a la tierra de la gran promesa. Consolidó sus
ideas en su época de estudiante de derecho, donde decidió que su título
estaría al servicio de los nadies, los humillados y desprotegidos de la
sociedad colocando en la puerta de su casa aquella famosa placa: "Dr.
Alfredo Palacios, Abogado. Atiende gratis a los pobres".
Cuando
presentó su tesis doctoral titulada "La miseria en la República
Argentina", los académicos de la Facultad de Derecho de entonces la
rechazaron, argumentado que contravenía el artículo 40 de la Ordenanza
General Universitaria, que prohibía atentar contra las instituciones.
Allí decía Palacios: "Sabiendo que nuestros gobiernos tienen por norma
de conducta el despilfarro y que las defraudaciones y los latrocinios se
cometen a diario y quedan impunes (.) Que contesten esos suicidas
morales que formando círculos han rodeado a todos lo gobernantes para
lucrar a la sombra de las grandes empresas. Ellos son los responsables
de la ruina del país; ellos, que han hecho levantar palacios con los
dineros del pueblo para habitarlos después de la catástrofe,
encastillados en su asqueroso egoísmo, o que con las arcas repletas
desparraman a manos llenas en el viejo Continente el oro que
malversaron".
Se incorporó al naciente Partido Socialista y
llevó en 1904 por primera vez estas ideas a un Parlamento del
continente. Desde la soledad de su banca presentó decenas de proyectos
en defensa de los trabajadores y los derechos de las mujeres y los
niños, y en 1907 logró aprobar la Ley de descanso dominical. El diputado
conservador Belisario Roldán se quejaba del estilo de Palacios y sus
seguidores: "Creo que esa turba que a diario acompaña al señor diputado
hasta las puertas de esta casa, turba que suele honrarnos con sus
silbidos y que para algunos constituye la expresión misma de la
soberanía popular, no es otra cosa que la prolongación del despotismo
sectario. Creo que mi país se debe seguir desarrollando sin que banderas
rojas, que serán siempre trapos intrusos en su seno, turben la augusta
majestad de su marcha".
Fue uno de los más notables impulsores
de la Reforma Universitaria y de la defensa de la autodeterminación de
los pueblos latinoamericanos. Opositor al último gobierno de Yrigoyen,
se opuso sin embargo en estos términos al golpe inminente: "La juventud
debe fiscalizar celosamente a la oposición, que no siempre es digna y
detrás de la cual se agazapa el ejército. La juventud no podrá
honrosamente llamarse así si permitiera, sin que la masacren, que
gobernara el país una dictadura militar". Durante la década infame tuvo
una actuación parlamentaria notable. En 1937, Palacios recorrió Santiago
del Estero, Salta, Tucumán y Jujuy y tomó contacto con Salvador Mazza,
quien trabajaba sobre el Mal de Chagas.
El notable infectólogo
le entregó un informe sobre la grave situación sanitaria de la región y
la única medicación efectiva: la construcción de viviendas dignas
vinculadas a la creación de fuentes de trabajo estables en las zonas
afectadas. De regreso de aquel viaje, Palacios presentó en el Senado su
Plan Sanitario y Educativo de Protección a los Niños que es ignorado por
aquel parlamento complaciente con el modelo social imperante en aquella
Argentina atendida por sus dueños. También insistió con su proyecto de
ley de voto femenino, que ni siquiera fue tratado en el recinto. En
1942, volvió a recorrer el Noroeste y a denunciar la inacción del
régimen conservador frente a enfermedades como el bocio endémico, la
fiebre ondulante, el paludismo y mal de Chagas. Palacios sabía que todos
aquellos males tienen los mismos agentes transmisores: la pobreza, el
ninguneo, la miseria extrema a la que venían sometidas aquellas
poblaciones desde el fondo de los tiempos.

Desde el Senado luchó
contra el monopolio del transporte, por la nacionalización del
petróleo, de los ferrocarriles y de la tierra y denunció la penetración
extranjera. Denunció negociados escandalosos como el de las tierras del
Palomar, en el que estaban implicados altos oficiales del Ejército y
ministros del gobierno de Ortiz.
Frente al peronismo coincidió
con una parte importante de la izquierda en caracterizar a Perón "como
un líder fascista que venía a frenar el ascenso del sindicalismo de
izquierda" y en negarse a reconocer las mejoras sociales palpables
obtenidas por los trabajadores durante el peronismo. Esta férrea
oposición le valió la persecución y el exilio desde donde pudo ver cómo
muchos de sus proyectos de ley que habían dormido años el sueño de los
justos en el Parlamento eran aprobados por aquel gobierno que detestaba.
Participó activamente de la llamada Revolución Libertadora de
la que fue embajador en Uruguay, pero se opuso públicamente a los
fusilamientos ordenados por Aramburu y Rojas, y como abogado defendió a
presos políticos peronistas como Miguel Unamuno. Apoyó la Revolución
Cubana y el 5 de febrero de 1961 fue electo senador por la capital por
el Partido Socialista Argentino. Su primer acto como tal fue visitar a
los presos políticos y gremiales y el 20 de mayo de 1961, revólver en
mano, secuestró una picana eléctrica usada por la policía de San Martín.
Desde su banca presentó 15 proyectos de ley sobre amnistía a los que
cometieron "delitos" políticos, gremiales y de opinión; pidió el
levantamiento del estado de sitio y de la intervención en varias
provincias, y propugnó la creación del Seguro Nacional de Maternidad.
Cuando
en marzo del 62 triunfó el peronismo en la provincia de Buenos Aires,
sostuvo que debía entregarse el gobierno a los triunfadores y que las
Fuerzas Armadas no debían intervenir. Tras el golpe de marzo de 1962,
pedirá la liberación de Frondizi, desconociendo al nuevo gobierno de
Guido.
Fue designado profesor emérito por el rector de la UBA
Risieri Frondizi en julio del 62 y se opuso al enfrentamiento de Azules y
Colorados, acusando a ambos bandos militares de facciosos y enemigos de
la democracia. En abril de 63, fue elegido diputado nacional por el
PSA. Realiza su tarea de legislador desde su casa. Desde allí se dirige
al presidente Illia pidiéndole que en la reunión de cancilleres de la
OEA la Argentina no vote sanciones contra Cuba, defendiendo el principio
de autodeterminación de los pueblos y la no intervención.
Presentó
82 iniciativas parlamentarias. La última, ingresada el 1 de diciembre
de 1964, fue la declaración de interés nacional de las investigaciones
de causas de mortalidad infantil y creación del Instituto Nacional de
Investigaciones Pediátricas. El 20 de abril de 1965 murió trabajando por
los demás el hombre que había dicho: "¡Manos a la obra, señores
diputados! ¡Construyamos el derecho nuevo con entusiasmo! ¡Dejemos a un
lado ese optimismo enervante, generador seguro del estancamiento e hijo
ilegítimo de la ignorancia! ¡Acordémonos de quien dijo con gran verdad
que la actitud pasiva es suicida, que la lógica de la ciencia es la
acción, y que sólo los cerebros y las manos ocupadas son capaces de
atenuar los males que afligen al mundo!"
