AUDIOTECA EN LÍNEA

domingo, 22 de marzo de 2020

El 22 de MARZO de 1833 comenzaba la CAMPAÑA de ROSAS contra los PUEBLOS ORIGINARIOS

Los indígenas que habitaban al sur de la provincia de Buenos Aires, atacaban frecuentemente a las poblaciones fronterizas. Rosas, quien habia dejado de ser el gobernador de la provincia, dispuso emprender contra ellos una campaña punitiva a través del desierto, como entonces se llamaba a la región pampeana. El objetivo era el de establecer los nuevos puntos de la frontera en los ríos Negro y Neuquén, en una campaña originalmente planeada como una empresa conjunta de todas las provincias sureñas que tenían frontera con los indígenas, incluyendo Mendoza, San Luis, San Juan y Córdoba, pero finalmente su ejecución quedó a cargo exclusivamente de Buenos Aires.

En su mensaje a la Asamblea del 7 de mayo de 1832, Rosas exponía claramente los objetivos de la expedición:

Hacendados, vosotros sabéis que la campaña y la frontera se encuentran hoy enteramente libres de los indios enemigos: que aterrados por los repetidos golpes de muerte que han sufrido en sus mismos hogares y tolderías, se han refugiado al otro lado del río Negro de Patagonia, y a las faldas de la Cordillera de los Andes. Un esfuerzo más, y quedarán libres para siempre nuestras dilatadas campañas, y habremos establecido la base de todos los cálculos de nuestra riqueza pública”.

El 28 de enero de 1833 Rosas fue nombrado Comandante General de Campaña y Jefe de la División Izquierda del Ejército Nacional para operaciones contra los indígenas. La columna del centro quedaba bajo el mando del general Ruiz Huidobro y la derecha seria comandada por Luis Aldao. El 22 de marzo partió de Los Cerrillos (estancia de Rosas) un convoy compuesto por mil quinientos hombres, treinta carretas, seis mil caballos y miles de vacunos bajo las órdenes de Rosas, quien incorporó unos 600 indios amigos como fuerzas auxiliares en las cercanías del arroyo de Tapalqué. A mediados de mayo su columna había llegado a las márgenes del río Colorado.

Mientras tanto, la columna del centro había derrotado a los ranqueles en las Acollaradas (en el sur de San Luis), pero se vio forzada a volver ante la falta de la ayuda prometida por el gobierno de Córdoba.

La columna de la derecha, dispersó a los indios en la región del Atuel, pero también debió regresar ante la falta de caballada.

La única división que completó con éxito su misión fue la conducida por Rosas, quien a comienzos de 1834, en las cercanías de Bahía Blanca, puso fin a una campaña en la que sus fuerzas habían batido a más de 3.200 indios,  y rescatado a más de 1.000 cautivos. Asimismo, se habían obtenido 1.200 prisioneros, recuperado miles de cabezas de ganado e incorporado 2.900 leguas cuadradas de territorio.

La expedición otorgó a Rosas un nuevo título, el del Conquistador del Desierto. Para Lynch, no era un título inapropiado, teniendo en cuenta que había agregado a la provincia de Buenos Aires una superficie que se extendía 200 leguas al oeste hacia los Andes y al sur más allá de Río Negro, miles de kilómetros cuadrados en total. Posibilitando además nueva información topográfica, nuevos recursos y nueva seguridad.

Tras la campaña, los indios se comprometieron a no cruzar la frontera ni adentrarse en Buenos Aires sin el permiso de sus autoridades y aceptaron responder al llamado del servicio militar, de ser necesario. A cambio, cada cacique recibiría regularmente una cantidad de caballos acorde al número de sus hombres a cargo, además de una pequeña asignación de yerba, tabaco y sal. Las pulperias y los comerciantes que proveían a estos 10.000 indígenas, se enriquecieron notablemente gracias a este nuevo mercado, insaciable de mercaderías.

“Si bien la pacificación fue conveniente para la nación en los veinte años siguientes, a la larga permitió también a los indios fortalecer sus posesiones. La negociación toral significó un subsidio para los indios, pagado por el gobierno de Buenos Aires (…) Este liberalismo (…) dio a Rosas el control sobre los indios y extendió así marginalmente su base política”. Cabe recordar, que el pago de estos “subsidios” mantenía a los aborígenes pacificados mientras el gobierno provincial transfería grandes superficies de tierras a manos privadas. En 1834 la Legislatura aprobó la distribución de 125.000 hectáreas entre la oficialidad del ejército partícipe de la campaña, otorgando además 17.500 hectáreas al general Pacheco y cuarenta y tres leguas a once coroneles. Resulta interesante observar quienes fueron los verdaderos beneficiarios del reparto de tierras y cómo se cimentaron inmensas fortunas en pocas familias.

miércoles, 10 de julio de 2019

La Patria, en su inicio fue pensada pluricultural


El Acta de Independencia, sancionada en el histórico Congreso de Tucumán en 1816, fue escrita en idioma español y traducida al Quechua, Aymara y Guaraní para divulgarla entre la población criolla y originaria de la región. El hecho de que fueran escritas en tres lenguas indígenas da cuenta de que los congresales de Tucumán honraron el espíritu de los primeros patriotas, que desde antes de 1810 buscaron maneras de convivencia con los Pueblos Indígenas, respetando sus diferencias y considerando su preexistencia.

Las actas se redactaron a dos columnas, en castellano y en lengua indígena. Se imprimieron 3 mil ejemplares, de los cuales mil quinientos se hicieron en castellano, mil en Quechua y quinientos en Aymara. También se tradujo al Guaraní, pero no se mandaron las impresiones porque el litoral estaba en conflicto con Buenos Aires y no había congresales de esa región. Se publicaron por primera vez en dos periódicos, La Gazeta de Buenos Aires, el 17 de agosto de 1816, y en El Redactor del Congreso, seis días después.

Manuel Belgrano, en sintonía con San Martín y Güemes, llevó para ser discutida en Tucumán su propuesta de adoptar una “monarquía atemperada” como forma de gobierno de las Provincias Unidas, que tendrían su capital en el Cuzco y cuya corona sería entregada a un descendiente de la “Casa de los Incas”.


Por lo tanto es visible que la idea de configurar un nuevo Estado legitimando la primordialidad Indígena era algo que ya flotaba en el ambiente de la época, contexto en el que se usan las lenguas Indígenas.

Estas expresiones muestran la intención patriótica de conformar un país pluricultural junto a las Comunidades Originarias.

Actualmente, en el Año Internacional de las Lenguas Indígenas y a 25 años de la inclusión de los Derechos de los Pueblos Indígenas en la Constitución Nacional de 1994, nos animan a reivindicar, respetar y revalorizar a estos Pueblos para que ocupen el lugar que les corresponde, como soñaron quienes pensaron la Argentina independiente.


martes, 25 de junio de 2019

1912 - 25 de junio - 2019 | A 107 años del "Grito de Alcorta"


En 1912 estalló el movimiento conocido con el nombre de “Grito de Alcorta”, que expresaba la protesta de los arrendatarios de las provincias de Santa Fé, Buenos Aires, Córdoba y La Pampa, por la situación de desamparo en que se encontraban frente a los terratenientes. Los diputados socialistas Juan B. Justo y Alfredo Palacios, en el Parlamento Nacional, fueron los únicos en levantar su voz a favor de los trabajadores del campo.

En la asamblea de la Sociedad Rural de Rosario, reunida el 13 de julio de 1912, para condenar la huelga y evaluar los pasos a seguir, todos se quedaron asombrados cuando uno de sus socios pidió la palabra e invitó a los presentes a evaluar las justas razones de los chacareros y los invitó a salvar la cosecha acordando con los huelguistas. El que así hablaba era Lisandro de la Torre, quien propondría, poco después, convertir en propietarios a los arrendatarios y a los jornaleros rurales y se pronunciaría por una profunda reforma agraria.

- Posteriormente, el 15 de agosto de aquel 1912, los chacareros se reunieron en la Sociedad Italiana Giuseppe Verdi de Rosario, dando nacimiento a la Federación Agraria Argentina bajo la presidencia del dirigente socialista Francisco Noguera y la asesoría letrada de Francisco Netri.

El 5 de octubre de 1916, Netri fue asesinado por el matón a sueldo Carlos Ocampo. En los bolsillos del saco del Dr. Netri se encontró un papel, probablemente el borrador de un discurso que nunca llegó a pronunciar donde soñaba: “Unámonos para excluir de las poblaciones de este país el inquilinaje y el proletariado, estas dos especies de esclavatura que son la lepra de las viejas sociedades, y que darían a las nuevas un aspecto enfermizo de ancianidad en medio de los esplendores de la naturaleza que nos rodea”.

miércoles, 6 de marzo de 2019

RIGHI, EL MINISTRO QUE CONDENO LA TORTURA Y EL ESPIONAJE POLICIAL | Por Miguel Bonasso.

Ha muerto Esteban Righi, que no solo fue un calificado jurista, un gran catedrático del Derecho y -en tiempos más recientes- un Procurador de firmes convicciones democráticas, sino el ministro del Interior que reunió públicamente a todos los jefes de la Policía Federal y les dijo "se acabó para siempre la tortura, quienes torturen serán castigados". Una definición de absoluta actualidad, que sitúa a este gran argentino en las antípodas de Macri y Patricia Bullrich, que han celebrado y premiado a policías, gendarmes y prefectos que asesinan por la espalda.


Ocurrió el 4 de junio de 1973: Righi, el más joven de los ministros de Cámpora, hizo sentar en el microcine del Departamento Central de Policía a todos los jefes, de riguroso uniforme y en un acto solemne, que apenas duró diez minutos, pero cuyos ecos resonaron durante décadas, les advirtió con firmeza: "Las reglas del juego han cambiado. Ningún atropello será consentido. Ninguna vejación a un ser humano quedará sin castigo".
Los policías, sorprendidos y en no pocos casos, rumiando la conspiración para sus adentros, escucharon categóricas definiciones: "El pueblo ya no es el enemigo, sino el gran protagonista".
Flanqueado por el Jefe de la Federal, el viejo general peronista Heraclio Ferrazano y por el subjefe, el democrático comisario Ricardo Vittani, el joven ministro le habló a todos los integrantes de la Repartición: desde el Jefe hasta el último agente:
"Existen todavía hábitos, reflejos, que inducen a actuar como si nada hubiera cambiado (...)
Dentro de la estructura de sometimiento que el pueblo padeció en los últimos años, las fuerzas policiales fueron puestas en un difícil papel (...) Encerrados dentro de las comisarías, y rodeados de vallas, fueron alejados del pueblo sin desearlo ni buscarlo (...) Es habitual llamar a los policías guardianes del orden. Así seguirá siendo. Pero lo que ha cambiado profundamente es el orden que guardan. Y en consecuencia la forma de hacerlo. Un orden injusto, un poder arbitrario impuesto por la violencia, se guarda con la misma violencia que lo originó. Un orden justo, respaldado por la voluntad masiva de la ciudadanía, se guarda con moderación y prudencia, con respeto y sensibilidad humanas".


Y para demostrar que no se quedaba en un mero discurso, Righi hizo destruir los tenebrosos archivos de la recién disuelta DIPA, la División policial que tenía "fichados" a todos los ciudadanos sospechosos, de subversivos, izquierdistas o simplemente peronistas. (Aunque obviamente los policías corruptos y fascistas que pronto servirían a López Rega, fotocopiaron aquellas fichas, el gesto tenía un gran significado moral y político).


No fueron gratis esas definiciones para el joven Righi, pronto lo perseguiría la calumnia, Al suceder a Cámpora, Perón lo cambiaría por Benito Llambí y, en el apogeo de la Triple A, debería marchar al exilio. En años recientes fue Procurador en los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner y produjo otro dictamen histórico: la negativa definitiva a que los hechos de violencia producidos por la guerrilla fueran considerados "crímenes de lesa humanidad", como los perpetrados por los militares en el terrorismo de Estado.


En lo estrictamente personal le debo sus aportes indispensables a mi libro "El Presidente que no fue" y el apoyo jurídico, prestado por su estudio, en la sucesión de mi madre.Muchas veces discutimos, muchas veces estuvimos en distintas veredas, pero siempre lo consideré un patriota y un auténtico demócrata.

sábado, 16 de febrero de 2019

EFEMÉRIDES | 16 de febrero de 1835 | El asesinato de Facundo Quiroga.

En 1835 Juan Facundo Quiroga residía desde hacía algún tiempo en Buenos Aires bajo el amparo de Juan Manuel de Rosas. El caudillo riojano había luchado en las campañas libertadoras junto a José de San Martín. En 1825, junto a los caudillos federales Juan Bautista Bustos y Felipe Ibarra, se opuso al proyecto político unitario de Rivadavia y se apoderó de la ciudad de Tucumán. Logró sublevar Cuyo y el Noroeste, pero más tarde, al intentar apoderarse de Córdoba, fue vencido por el general unitario José María Paz en La Tablada el 22 Y 23 de junio de 1829 y en Oncativo ocho meses después.

Quiroga mantenía con Rosas una relación de aliado y era considerado por don Juan Manuel como su hombre en el interior. Las diferencias entre ambos caudillos se centraban en el tema de la organización nacional. Mientras que Facundo se hacía eco del reclamo provincial de crear un gobierno nacional que distribuyera equitativamente los ingresos nacionales, Rosas y los terratenientes porteños se oponían a perder el control exclusivo sobre las rentas del puerto y la Aduana.

En este sentido, Rosas argumentaba que no estaban dadas las condiciones mínimas para dar semejante paso y consideraba que era imprescindible que, previamente, cada provincia se organizara: “En el estado de pobreza en que las agitaciones políticas han puesto a los pueblos ¿quién ni con qué fondos podrán costear la reunión y permanencia de ese Congreso, ni menos de la administración general? […] Fuera de que si en la actualidad apenas se encuentran hombres para el gobierno particular de cada provincia ¿de dónde se sacarán los que hayan de dirigir toda la república? ¿Habremos de entregar la administración general a ignorantes aspirantes, a unitarios, y a toda clase de bichos? […] ¿Será posible vencer no sólo estas dificultades sino las que presenta la discordia que se mantiene como acallada y dormida mientras cada una se ocupa de sí sola, pero que aparece al instante como una tormenta general que resuena por todas partes con rayos y centellas, desde que se llama a congreso general? Es necesario que ciertos hombres se convenzan del error en que viven, porque si logran llevarlo a efecto, envolverán la República en la más espantosa catástrofe”.

Sin embargo, esto no impidió que Quiroga nombrara a doña Encarnación Ezcurra su representante comercial y le regalara un caballo a don Juan Manuel. Rosas le comentaba a su esposa en una carta la habilidad de Facundo: “Mucho gusto tuve cuando supe que Quiroga te había hecho su apoderada. Este es uno de sus rasgos maestros en política; lo mismo que la remisión de un caballo en los momentos en que lo hizo”.

En 1834, ante un conflicto desatado entre las provincias de Salta y Tucumán, el gobernador de Buenos Aires, Manuel Vicente Maza (quien respondía políticamente a Rosas), encomendó a Quiroga una gestión mediadora. Tras un éxito parcial, Quiroga emprendió el regreso y fue asesinado el 16 de febrero de 1835 en Barranca Yaco, provincia de Córdoba, por Santos Pérez, un sicario al servicio de los hermanos Reinafé, hombres fuertes de Córdoba, ligados a López. Quiroga se había opuesto tenazmente a los deseos de Estanislao López de imponer a José Vicente Reinafé como gobernador de Córdoba.

Nunca sabremos si porque decían la verdad o por temor a represalias contra su familia, lo cierto es que los Reinafé, ni ante los jueces ni ante la horca, acusaron a Rosas ni a López. Sólo se inculparon entre ellos mismos.

El “manco” Paz cuenta en sus memorias que tras la llegada de la noticia del asesinato de Quiroga a Santa Fe –donde él permanecía detenido– se produjo un “regocijo universal”, y poco faltó “para que se celebrase públicamente”.

La muerte de Quiroga determinó la renuncia de Maza y afianzó entre los legisladores porteños la idea de la necesidad de un gobierno fuerte, de mano dura.

El 3 de marzo de 1835, en vísperas de aceptar la gobernación, Rosas escribía: “Dorrego, Villafañe, Latorre, Quiroga y José Ortiz, todos asesinados por los unitarios, pero ni esto ha de ser bastante para los hombres de las luces y de los principios. ¡Miserables! El sacudimiento será espantoso, y la sangre argentina correrá en proporciones”.

Pronto Quiroga, de la mano de Sarmiento, se transformaría en un símbolo de la barbarie. El padre del aula y gran maestro lo utilizaría como propaganda política al publicar desde Chile su libro Facundo. Civilización o barbarie, con un objetivo explícito: “Remito a su excelencia un ejemplar del Facundo que he escrito con el objeto de preparar la revolución y preparar los espíritus. Obra improvisada, llena por necesidad de inexactitudes, a designio a veces, no tiene otra importancia que la de ser uno de los tantos medios tocados para ayudar a destruir un gobierno absurdo y preparar el camino de otro nuevo”.